La complejidad es un tejido (complexus: lo que está tejido en conjunto) de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados lo uno y lo múltiple; efectivamente, es el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico, para poner orden en los fenómenos rechazando el desorden y descartando lo incierto.

La dificultad del pensamiento complejo es que debe afrontar lo entramado, la solidaridad de los fenómenos entre sí, la bruma, la incertidumbre, la contradicción. Habría que sustituir al paradigma de disyunción/reducción/unidimensionalización por un paradigma de distinción/conjunción que permita distinguir sin desarticular, asociar sin identificar o reducir, compartiendo un principio dialógico y translógico, que integraría la lógica clásica teniendo en cuenta sus límites de facto (problemas de contradicciones) y de jure (límites del formalismo). Debemos entonces, sensibilizar a las enormes carencias de nuestro pensamiento, y comprender que un pensamiento mutilante conduce, necesariamente, a acciones mutilantes.

La antigua patología del pensamiento daba una vida independiente a los mitos. La patología moderna del espíritu está en la hiper-simplificación. La patología de la idea está en el idealismo. La enfermedad de la teoría está en el doctrinarismo y en el dogmatismo. La patología de la razón es la racionalización. Estamos siempre en la prehistoria del espíritu humano. Sólo el pensamiento complejo nos permitiría civilizar nuestro conocimiento.

LA NECESIDAD DE UN PENSAMIENTO COMPLEJO
Cuidado con la sospechosa inteligencia "tuerta"

Hasta la primera mitad del siglo XX, la mayoría de las ciencias tenían por modo de conocimiento la especialización y la abstracción; el determinismo, la ocultación del azar y la aplicación de la lógica.

Por supuesto que el conocimiento debe utilizar la abstracción, pero este también debe buscar construirse con referencia a un contexto, aunque sea difícil, el conocimiento de los problemas claves del mundo debe intentarse, so pena de imbecilidad cognitiva.

La era planetaria necesita situar todo en el contexto planetario, para saber cómo adquirir el acceso a las informaciones sobre el mundo y cómo adquirir la posibilidad de articularlas y de organizarlas, para eso se necesita una reforma de pensamiento.

El pensamiento complejo es un pensamiento que busca, al mismo tiempo, distinguir -pero sin desunir- y religar, considerando la incertidumbre. Una primera vía de acceso es aquella que nos ofrecen las tres teorías -las de la información, la cibernética y los sistemas-.

A) La teoría de la información
Es una herramienta que permite tratar la incertidumbre, la sorpresa, lo inesperado.

Este concepto de información permite entrar en un universo donde hay, al mismo tiempo, orden (la redundancia) y desorden (el ruido) y extraer de ahí algo nuevo.

B) La cibernética
Es una teoría de las máquinas autónomas. La idea de retroacción, donde la causa actúa sobre el efecto y la regulación es la que permite la autonomía de un sistema

C) La teoría de los sistemas
Sienta las bases de un pensamiento de la organización, donde "el todo es más que la suma de las partes". El todo es igualmente menos que la suma de las partes, puesto que las partes pueden tener cualidades que son inhibidas por la organización del conjunto.

LA AUTOORGANIZACIÓN

Von Neumann se plantea el problema de la diferencia entre las máquinas artificiales y las "máquinas vivas”. La máquina artificial no puede repararse a sí misma, mientras que la máquina viva se regenera permanentemente.

El aporte de Von Foerster reside en su descubrimiento del principio del orden por el ruido. Se asiste de esta manera a la creación de un orden a partir del desorden.

Atlan concibe la teoría del azar organizador. La dialógica entre el orden, el desorden y la organización, a través de innumerables inter retroacciones, que están constantemente en acción en los mundos físico, biológico y humano.

Prigogine ha introducido, de otra manera, la idea de organización a partir del desorden. Estas organizaciones tienen necesidad de ser alimentadas con energía, consumir y disipar energía para mantenerse.

El pensamiento de la complejidad se presenta, entonces, como un edificio de varios pisos. La base está formada a partir de las tres teorías (información, cibernética y sistemas) y contiene las herramientas necesarias para una teoría de la organización. En un segundo piso están las ideas sobre la autoorganización. Y como elementos suplementarios, encontramos los tres principios:

1. El principio dialógico
Une dos principios antagonistas que son indisociables para comprender una misma realidad

El problema es unir nociones antagonistas para pensar los procesos organizadores y creadores en el mundo complejo de la vida y de la historia humana.

2. El principio de recursión
Él supera la noción de regulación. Los individuos producen la sociedad en y por sus interacciones, pero la sociedad, en tanto que todo emergente, produce la humanidad de estos individuos aportándoles el lenguaje y la cultura.

3. El principio hologramático
Pone en evidencia esa aparente paradoja de ciertos sistemas en los cuales no solamente la parte está en el todo, sino en que el todo está en la parte.

El pensamiento de la complejidad, como se ve, no es en ningún caso un pensamiento que rechace la certeza en beneficio de la incertidumbre, El procedimiento consiste en una ida y vuelta incesante entre certezas e incertidumbres, se trata de incorporar lo concreto de las partes a la totalidad.

El pensamiento complejo no es lo contrario del pensamiento simplificante; él integra este último;  integra la incertidumbre y es capaz de concebir la organización; contextualizar, globalizar, pero, al mismo tiempo, de reconocer lo singular y lo concreto.

LA COMPLEJIDAD

Llevaba siempre una connotación de advertencia al entendimiento, la clarificación, la simplificación, la reducción demasiado rápida.

En ciencia surgido en el siglo XX, en la micro-física y en la macro-física. La microfísica abría una relación compleja entre el observador y lo observado. La macro-física complejizaba las relaciones entre tiempo y espacio. La ciencia reducía la complejidad fenoménica a un orden simple y a unidades elementales.

Es con Wiener y Ashby, los fundadores de la Cibernética, que la complejidad entra verdaderamente en escena en la ciencia.

¿Qué es la complejidad? A primera vista, es un fenómeno cuantitativo, una cantidad extrema de interacciones e interferencias entre un número muy grande de unidades que comprende también incertidumbres, indeterminaciones, fenómenos aleatorios. En un sentido, la complejidad siempre está relacionada con el azar.

La complejidad está así ligada a una cierta mezcla de orden y de desorden, mezcla íntima. El problema teórico de la complejidad es el de considerar la complejidad organizacional y la complejidad lógica; propiamente científico era, hasta el presente, eliminar la imprecisión, la ambigüedad, la contradicción. Pero hace falta aceptar una cierta imprecisión del cerebro humano para poder trabajar con lo insuficiente y lo impreciso y reconocer fenómenos inexplicables, como la libertad o la creatividad, iniexplicables fuera del campo complejo que permite su aparición.

Trataremos de ir, no de lo simple a lo complejo, sino de la complejidad hacia aún más complejidad. Lo simple, repitámoslo, no es más que un momento, un aspecto entre muchas complejidades.

EL PARADIGMA DE COMPLEJIDAD

Hemos de entender también la complejidad en la vida cotidiana. La complejidad en ese dominio ha sido percibida y descrita por la novela del siglo XIX y comienzos del XX. Mientras que en esa misma época, la ciencia intentaba retener leyes generales, la novela, nos mostraba seres singulares en sus contextos y en su tiempo. Vemos así que cada ser tiene una multiplicidad de identidades. Por ejemplo, el tema del monólogo interior que reveló que cada uno se conoce muy poco a sí mismo y se puede engañar acerca de sí mismo. No es solamente la sociedad la que es compleja, sino también cada átomo del mundo humano.

Al mismo tiempo, en el siglo XIX, la ciencia tiene un ideal exactamente opuesto. Para Laplace, el mundo es una máquina determinista verdaderamente perfecta, que se basta a sí misma, esa concepción, que creía poder arreglárselas sin Dios, había introducido en su mundo los atributos de la divinidad: la perfección, el orden absoluto, la inmortalidad y la eternidad. Es ese mundo el que va a desordenarse y luego desintegrarse.

EL PARADIGMA DE SIMPLICIDAD

Un paradigma está constituido por un cierto tipo de relación lógica extremadamente fuerte entre nociones maestras, nociones clave, principios clave que van a gobernar todos los discursos que obedecen, inconscientemente, a su gobierno.

Así es que el paradigma de simplicidad es un paradigma que pone orden en el universo, y persigue al desorden. El orden se reduce a una ley, a un principio; el principio de simplicidad o bien separa lo que está ligado (disyunción), o bien unifica lo que es diverso (reducción).

En la realidad biológica y la realidad cultural, el paradigma de simplificación nos obliga ya sea a desunirlas, o ya sea a reducir la más compleja a la menos compleja. Olvidamos que uno no existe sin el otro; más aún, que uno es, al mismo tiempo, el otro, si bien son tratados con términos y conceptos diferentes.

Sabiéndose vivos en un universo materialista, mortal, sin salvación, tenían necesidad de saber que había algo perfecto y eterno: el universo mismo.

La obsesión de la complejidad condujo a la aventura científica a descubrimientos imposibles de concebir en términos de simplicidad.

LA COMPLEJIDAD Y LA ACCIÓN
La acción es también una apuesta

Tenemos a veces la impresión de que la acción simplifica porque, ante una alternativa, decidimos, optamos por la acción como decisión o elección, pero es también una apuesta, está la conciencia del riesgo y de la incertidumbre.

La acción es estrategia, la estrategia permite, a partir de una decisión inicial, imaginar un cierto número de escenarios para la acción, que podrán ser modificados según las informaciones que nos lleguen en el curso de la acción y según los elementos aleatorios que sobrevendrán y perturbarán la acción; así, la estrategia lucha contra el azar y busca a la información. La buena estrategia utiliza los errores del adversario, el azar no es solamente el factor negativo a reducir en el dominio de la estrategia. Nos impone una conciencia muy aguda de los elementos aleatorios, las derivas, las bifurcaciones, y nos impone la reflexión sobre la complejidad misma.

La acción escapa a nuestras intenciones
En el momento en que un individuo emprende una acción, cualesquiera que fuere, ésta comienza a escapar a sus intenciones, es finalmente el ambiente el que toma posesión, en un sentido que puede volverse contrario a la intención inicial.

La acción supone complejidad, es decir, elementos aleatorios, azar, iniciativa, decisión, conciencia de las derivas y de las transformaciones. La estrategia se opone al programa, el cual para las secuencias que se sitúan en un ambiente estable, conviene utilizar, pero no obliga a estar vigilante, no obliga a innovar.

No hay un dominio de la complejidad que incluya el pensamiento, la reflexión, por una parte, y el dominio de las cosas simples, la acción puede, ciertamente, bastarse con la estrategia inmediata que depende de las intuiciones.

La máquina no trivial
Los seres humanos, la sociedad, la empresa, son máquinas no triviales: es trivial una máquina de la que podemos predecir su comportamiento, sin embargo, la vida social exige que nos comportemos como máquinas triviales

Nuestras sociedades son máquinas no triviales en el sentido, también, de que conocen, sin cesar, crisis políticas, económicas y sociales. Toda crisis es un incremento de las incertidumbres, sin embargo, es necesario abandonar los programas, hay que inventar estrategias para salir de la crisis. 

Prepararse para lo inesperado
La complejidad no es una receta para conocer lo inesperado, pero nos vuelve prudentes, atentos, no nos deja dormirnos en la mecánica aparente y la trivialidad aparente de los determinismos; no debemos encerrarnos en la creencia de que lo que sucede ahora va a continuar indefinidamente, pues todo es totalmente inesperado.

El pensamiento complejo no rechaza, de ninguna manera, a la claridad, el orden, el determinismo, pero los sabe insuficientes, sabe que no podemos programar el descubrimiento, el conocimiento, ni la acción.

El pensamiento simple resuelve los problemas simples sin problemas de pensamiento. El pensamiento complejo no resuelve, en sí mismo, los problemas, pero constituye una ayuda para la estrategia que pueda resolverlos.

CARTA DE LA TRANSDISCIPLINARIEDAD DE EDGAR MORIN Convento de Arrábida, noviembre de 1994
Preámbulo

Sólo una inteligencia que dé cuenta de la dimensión planetaria de los conflictos actuales podrá hacer frente a la complejidad de nuestro mundo, la vida está seriamente amenazada por una tecnociencia triunfante.

La ruptura contemporánea entre un saber cada vez más acumulativo y un ser interior cada vez más empobrecido conduce a un ascenso de un nuevo oscurantismo, cuyas consecuencias en el plano individual y social son incalculables.

El crecimiento de los saberes, sin precedente en la historia, aumenta la desigualdad, por ello, los participantes del Primer Congreso Mundial de Transdisciplinariedad, adoptan la presente Carta constituyendo un contrato moral consigo mismo.

Artículo 1: Toda tentativa de reducir al ser humano a una definición y de disolverlo en estructuras formales, es incompatible con la visión transdisciplinaria.
Artículo 2: El reconocimiento de la existencia de diferentes niveles de realidad es inherente a la actitud transdisciplinaria.
Artículo 3: La transdisciplinariedad es complementaria al enfoque disciplinario. pues no busca el dominio de muchas disciplinas, sino la apertura de todas las disciplinas a aquellos que las atraviesan y las trascienden.
Artículo 4: La transdisciplinariedad reside en la unificación semántica y operativa de las acepciones a través y más allá de las disciplinas. El formalismo excesivo, la absolutización de la objetividad, que comporta la exclusión del sujeto, conducen al empobrecimiento.
Artículo 5: La visión transdisciplinaria es decididamente abierta en la medida que ella trascienda el dominio de las ciencias exactas por su diálogo y su reconciliación
Artículo 6: La transdisciplinariedad es multirreferencial y multidimensional. Tomando en cuenta las concepciones de tiempo y de historia.
Artículo 7: La transdisciplinariedad no constituye una nueva religión, ni una nueva filosofía, ni una nueva metafísica, ni una ciencia de las ciencias.
Artículo 8: El reconocimiento de la Tierra como patria es uno de los imperativos de la transdisciplinariedad. La doble pertenencia —a una nación y a la Tierra— constituye uno de los objetivos de la investigación transdisciplinaria.
Artículo 9: La transdisciplinariedad conduce a una actitud abierta hacia los mitos y las religiones.
Artículo 10: El enfoque transdisciplinario es en sí mismo transcultural.
Artículo 11: Una educación auténtica no puede privilegiar la abstracción en el conocimiento, debe enseñar a contextualizar, concretar y globalizar.
Artículo 12: Que la economía debe estar al servicio del ser humano y no a la inversa.
Artículo 13: La ética transdisciplinaria rechaza toda actitud que niegue el diálogo y la discusión. El saber compartido debería conducir a una comprensión compartida de respeto
Artículo 14: Rigor, apertura y tolerancia son las características fundamentales de la actitud y visión transdisciplinaria. El rigor en la argumentación, es la mejor protección respecto de las desviaciones posibles. La apertura incluye la aceptación de lo desconocido. La tolerancia es el reconocimiento del derecho a las ideas y verdades contrarias a las nuestras.

LA TRANSDISCIPLINARIEDAD UNA NUEVA VISIÓN DEL MUNDO

El proceso de decadencia de las civilizaciones es de una gran complejidad y tiene sus raíces en la más completa obscuridad.

Los actores de una civilización bien determinada, desde las grandes masas a los grandes dirigentes, se ven impotentes para detener la caída de su civilización; pues una cosa es cierta: una gran diferencia entre las mentalidades de los actores y las necesidades internas de desarrollo de un tipo de sociedad acompaña siempre la caída de una civilización.

El crecimiento sin precedente de los saberes en nuestra época vuelve legítima la cuestión de la adaptación de las mentalidades a esos saberes.

Para el pensamiento clásico no hay más que dos soluciones posibles para salir de una situación de decadencia: la revolución social o el retorno a la supuesta “edad de oro". El regreso a la edad de oro no se ha ensayado todavía por la simple razón que la edad de oro no ha sido encontrada. Aún si se llega a suponer que dicha edad de oro existió en tiempos inmemoriables, ese retorno debería acompañarse de una revolución interior dogmática, la cual esa tercera solución del presente manifiesto. La armonía entre las mentalidades y los saberes presupone que esos saberes sean inteligibles, comprensibles.

Dos especialistas de la misma disciplina tienen dificultad en entender, hoy día, sus propios resultados recíprocos, entonces es la inteligencia colectiva de la comunidad apegada a esa disciplina la que hace progresar y no solo hacer un cerebro que por fuerza deba conocer todos los resultados de todos esos cerebros-colegas.

Pero la suma de los mejores especialistas en sus dominios no puede engendrar, evidentemente, más que incompetencia generalizada, porque el total de las capacidades no es la capacidad: en plan técnico, la intersección entre los diferentes campos del saber es un conjunto vacío. La necesidad indispensable de entrelazar las diferentes disciplinas se manifiesta en el surgimiento, hacia la mitad del siglo veinte, de la pluridisciplinariedad y de la interdisciplinariedad. La pluridisciplinariedad consiste en el estudio del objeto de una sola y misma disciplina por medio de varias disciplinas a la vez, entonces el objeto saldrá así enriquecido por la convergencia de varias disciplinas. La investigación pluridisciplinaria en consecuencia aporta un "más" a la disciplina en cuestión.

La interdisciplinariedad, es la transferencia de métodos de una disciplina a otra. Se pueden distinguir tres grados de interdisciplinariedad: a) un grado de aplicación, b) un grado epistemológico, y c) un grado de concepción de nuevas disciplinas.

Como la pluridisciplinariedad, la interdisciplinariedad sobrepasa las disciplinas pero su finalidad queda inscrita en la investigación disciplinaria.

La transdisciplinariedad por su parte concierne, como lo indica el prefijo "trans", a lo que simultáneamente es entre las disciplinas a través de las diferentes disciplinas y más allá de toda disciplina. Su finalidad es la comprensión del mundo presente

Para el pensamiento clásico la transdisciplinariedad es un absurdo porque no tiene objeto, pues su campo de aplicación es considerado restringido.

La investigación disciplinaria concierne más o menos a un solo y mismo nivel de Realidad. En cambio la transdisciplinariedad se interesa en la dinámica que se engendra por la acción simultánea de varios niveles de Realidad.

Las investigaciones disciplinarias y transdisciplinarias no son antagónicas, son complementarias. Los tres pilares de la transdiciplinariedad -los niveles de Realidad, la lógica del tercero incluido y la complejidad- determinan la metodología de la investigación transdisciplinaria.

Hay grados de disciplinariedad en función de que se tome en cuenta, más o menos de manera completa, los tres postulados metodológicos de la ciencia moderna.

La disciplinariedad, la pluridisciplinariedad, la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad son las cuatro flechas de un solo y mismo arco: el del conocimiento.

El carácter complementario de las diversas aproximaciones, la disciplinaria, la pluridisciplinaria, interdisciplinaria y transdisciplinaria se pone en evidencia de una manera clara, por ejemplo, en el acompañamiento de los moribundos. Este paso relativamente nuevo de nuestra civilización es de suma importancia, porque, al reconocer el papel de nuestra muerte en nuestra vida, descubrimos dimensiones insospechadas de la vida misma.

EDGAR MORIN: "EL SIGLO DEL CONOCIMIENTO PUEDE SER EL SIGLO DE LA CEGUERA" 

Sobrevivir sin naufragar
La 'sobreabundancia de información' es uno de los principales problemas que la Sociedad de la Información centra en la escasa capacidad del ser humano para digerir y no acumular toda la información que esta sociedad pone hoy día a nuestro alcance. Este problema se podría superar aprendiendo a organizar la información a partir de núcleos básicos. Todo esto es posible si la información se organiza de modo sistemático y en favor del individuo

Detener el reloj, parar el tiempo
Uno de los principales sueños de nuestra civilización es alargar las horas: pues se dice no haber tiempo. La aceleración se ha trasladado a todos los aspectos de nuestras vidas e impide apreciar las cosas como son.

Se supone que estamos en un estadio de cambio de civilización, que pasa por recuperar ese 'tiempo' que nos permita pensar y reflexionar.

Buscamos el saber en los ordenadores, pero el saber está en el cerebro de las personas, que pasa necesariamente por la reflexión.

Información-mercancía y consumo
El hecho de asimilar bien tanta información, puede ser una cuestión personal, una opción que muchas veces hace un mal consumo de un buen contenido.

Es un problema puramente occidental, pues seguimos un camino basado tan sólo en la eficacia, en querer cada vez más, en adelantar, en ir más rápido, el cual se declara enemigo del cuantitativismo y dice preferir la calidad a cantidad.

Internet y universidad: la sociedad del conocimiento
La conexión existente entre Internet y las universidades es fundamental, no sólo por el enorme potencial de esta herramienta aplicada a las fuentes del saber, sino porque en ellas se debe enseñar a pensar y a usar la tecnología para lograr una auténtica Sociedad del Conocimiento. El conocimiento sólo es pertinente cuando se es capaz de contextualizar la información, globalizarla y situarla en un conjunto.

Un mundo tecnológico: ¿regresión o cambio?
La técnica es un producto ambivalente de nuestra sociedad, ya que ha descargado a los hombres de muchas tareas confiándoselas a las máquinas, pero asimismo ha hecho que la sociedad sea esclava de la lógica cuantitativa de las máquinas. Vivimos en un mundo dominado por la lógica técnica, económica y científica, en el que existe la ilusión casi palpable de que tan sólo parece real aquello que es cuantificable. Cuando un sistema se encuentra saturado por problemas que no puede resolver, caben dos soluciones: o se tiende a una regresión o se cambia el sistema.

LOS DESAFÍOS DE FIN DE SIGLO
Conferencia del Dr. Edgar MORIN

Hay una herencia evidente: la muerte. Es evidente la presencia de la muerte en las dos guerras mundiales, que marcaron los comienzos del siglo.

Es un siglo de muerte porque se aliaron dos barbaries: una barbarie que viene desde lo hondo de los tiempos históricos con las destrucciones de ciudades, de civilizaciones, que no se queda nada más que en los imperios de la antigüedad. Esta barbarie de muerte, de tortura, de odio, de fanatismo se ha aliado con una barbarie fría, helada, anónima, que viene del desarrollo técnico y científico que generó una capacidad gigante de destrucción y también de manipulación.

Se percibe también una liberación de fuerzas de muerte interna, que surge de nuestras mentes humanas. Porque se debe saber que en cada persona hay una lucha interna entre su voluntad de vivir, de gozar de la vida, contra fuerzas de autodestrucción, fuerzas de muerte, lo que significa la muerte de la modernidad en el sentido de la significaciones de la modernidad, es la fe en la omnipotencia benéfica de la técnica, y esta fe ha muerto.

Hoy día, podemos ver que la aventura de Occidente conduce a un tipo de muerte que es la muerte ecológica, la destrucción de la biosfera. También hay una pérdida de fe en la posibilidad de construir "el mejor de los mundos", el que se pensaba que se obtenía con los instrumentos de pensamiento occidental. La pérdida de la fe en el progreso significa la pérdida del futuro. Por todas estas razones, debemos cambiar el sentido de la aventura.

Pero hay una segunda herencia que es la herencia del germen, del embrión para un nuevo nacimiento.

Hay varios nacimientos sucesivos, en un proceso que llamamos proceso de hominización, donde el primer nacimiento fue la domesticación, con él surge la posibilidad de la primera técnica. El segundo nacimiento es el del Homo erectus, que conquistó para sí el fuego y con quien emerge nuestro lenguaje. El Homo sapiens desarrolla un mundo imaginario, y el último nacimiento conocido es la aparición de las sociedades de la historia. La civilización histórica desarrolló todo esto. Y al mismo tiempo, se desarrollaron las guerras, la filosofía y el pensamiento. En la actualidad, estamos en el principio de un nuevo nacimiento, porque estamos ante el fenómeno de la globalización, la mundialización, donde las culturas se ponen en contacto unas con otras, pero también es una edad de hierro, donde cada progreso se paga con destrucciones, esclavitudes, dominaciones. Pienso que estamos también en una edad de bajo flujo de la mente humana.

Es en esta situación cuando hablamos de la pérdida del futuro, y al mismo tiempo hablamos de una multiplicidad de futuros posibles que no podemos ver pero podemos pensar.

El desafío fundamental para el siglo que viene es generar la capacidad para regular y controlar el desarrollo incontrolado de la ciencia, la técnica y los procesos económicos: esto no significa que todo lo que venga de la ciencia sea peligroso, al contrario, tenemos hoy muchos beneficios del desarrollo científico.

No obstante, todo esto es ambivalente, siempre la técnica -las cosas humanas como la técnica- son ambivalentes, como la palabra humana.

Es evidente que la afectividad, el furor, también el odio y el amor, pueden hacer de nosotros personas ciegas, pero no hay una racionalidad sin esa afectividad, sin ese amor por el conocimiento, sin esa pasión por la verdad. El amor da la posibilidad de comprender, de comprender a otros. Con él podemos concebir nuestras finalidades humanas de comprensión, de fraternización, de "humanizar la hominización".

Si nosotros queremos salvar a la humanidad de la autodestrucción, debemos desarrollar dos conceptos que eran, hasta hoy, antagónicos: el concepto de conservación y el concepto de revolución. Hoy debemos asociarlos, en primer lugar, para conservar el género humano. El porvenir necesita todos los gérmenes culturales del pasado, necesita la conservación de la filosofía antigua; debemos conservar todos los tesoros de la cultura humana.

Y debemos tener en cuenta la finalidad que se llamó "la tierra patria". Tierra Patria es un concepto que remite a que nosotros tengamos verdaderas raíces en nuestro planeta. En otras lenguas como el inglés la definen como Home, la casa, el hogar. Y también Patria encierra la noción de lo paternal: es una autoridad justa a la cual se debe obedecer. Debemos entender que no se debe eliminar nuestra patria, pues nosotros vivimos en una patria común: la Tierra.

Existe diversidad de personalidades individuales y diversidad de culturas, pero la misión fundamental es comprender la unidad de la diversidad y la diversidad de la unidad.

Es evidente que nosotros tenemos una comunidad de destino que tiene sus raíces en el pasado; esta es una herencia del siglo XX: el descubrimiento de una comunidad de destino de vida y de muerte de todos los humanos, de todos los continentes.

Hay un humanismo del orgullo que busca la dominación. Pero hay un humanismo que dice que todos los humanos tienen los mismos derechos y la misma dignidad. Debemos desarrollar la mundialización de la fraternidad y pienso que para ayudar, hay dos productos que salieron de la historia de la cultura de Europa. El primero es la racionalidad crítica y autocrítica, que conoce sus límites y que critica la tendencia de los occidentales a pesar que son los propietarios de la razón. El segundo es desarrollar una idea maravillosa de Pascal: la idea de fe incierta. La fe es una certidumbre incierta, esa es la complejidad de la mente humana.

Me parece que hoy día hay una nueva agonía, en el sentido de lucha interna entre fuerzas de vida, de nacimiento y fuerzas de muerte.

En esta situación de incertidumbre tenemos dos vías. La primera vía es la apuesta, un pensamiento capaz de contextualizar las informaciones en los hechos, capaz de globalizar, de integrar las informaciones y los hechos; un pensamiento capaz de comprender la complejidad del mundo en el cual nos encontramos. También necesitamos la razón abierta y autocrítica; las cuales no se puede unir si no existe compasión, porque es una necesidad vital para la proximidad y para nuestra tierra.

 


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